Un importador español que ya sabe comprar en China tiene una carta que rara vez juega: un mercado enorme que habla su idioma y que consume producto chino comprado, casi siempre, a través de cadenas de intermediarios. Meterse en esa cadena es viable, y empieza por una decisión logística.
La primera pregunta: ¿pasa por España o no?
Si tu cliente tiene volumen y capacidad de importar en su país, el envío directo desde China es más limpio y más barato: la mercancía no entra en la Unión y no devengas derechos ni IVA europeos. Reexportar desde España tiene sentido cuando el cliente compra poco, cuando agrupas varios proveedores o cuando tu valor está en tener stock disponible.
Lo que nunca conviene hacer
Despachar a libre práctica en España mercancía que sabes que va a salir de la Unión. Estás pagando aranceles e IVA por producto que no vas a vender aquí. Si tu operativa va a tener un componente estable de reexportación, ahí es donde tiene sentido mirar el depósito aduanero, que está pensado precisamente para eso.
El marcado CE no vale allí
Es un error frecuente. Cada país tiene sus normas técnicas, sus sellos obligatorios y sus requisitos de etiquetado, y los niveles arancelarios varían enormemente entre mercados. Averígualo antes de prometer una entrega, y en general apóyate en un distribuidor local que ya conozca su aduana: aprender eso desde España cuesta mucho más de lo que parece.
Cobra antes, al menos al principio
Una factura impagada en otro continente es, siendo honestos, una pérdida. Pago anticipado en las primeras operaciones y carta de crédito para importes relevantes; ambas cosas son estándar en comercio internacional y ningún comprador serio se ofende. Aplica la misma disciplina de verificación que usas con tus proveedores, porque aquí el riesgo de cobro es el que manda.
Y ten claro qué aportas
Si tu única propuesta es el precio de fábrica china, tu cliente puede llegar a China sin ti, y tarde o temprano lo hará. Lo que te hace necesario es la selección, el control de calidad, la agrupación de proveedores o la marca. Ese es el mismo razonamiento que aplica en cualquier canal, solo que aquí la tentación de competir solo por precio es mayor.