Vender a una gran cadena tiene algo de sueño cumplido: un solo pedido puede multiplicar tu facturación del año. Y también tiene una letra pequeña que conviene leer con calma, porque he visto a más de un importador entrar con euforia y salir con problemas de caja.
El primer filtro es la carpeta, no el precio
Una cadena seria no da de alta un producto sin declaración de conformidad, informes de ensayo del modelo exacto, datos del importador en el producto y seguro de responsabilidad civil acreditado. Ahí se queda fuera buena parte de la competencia. Si tú llevas eso resuelto porque ya lo trabajaste para la vigilancia de mercado, tienes una ventaja enorme antes de hablar de céntimos.
El margen que crees que tienes no es el que te queda
Al precio pactado hay que restarle rappels, aportaciones a promociones o catálogo, penalizaciones estimadas por incidencias y el coste financiero del plazo de pago. Ese último es el que más sorprende: si pagas a tu fábrica china antes del embarque y cobras a plazo, tu ciclo de caja se estira muchísimo. Merece la pena hacer ese cálculo con el coste completo por referencia delante.
Quedarte sin stock no es una incidencia, es un incumplimiento
Con plazos de importación de tres o cuatro meses, servir a una cadena exige una holgura de stock muy superior a la de la venta online, porque aquí una rotura tiene penalización y puede costarte la referencia. Es el punto donde hay que revisar al alza todo el cálculo de previsión y stock de seguridad antes de comprometer volúmenes.
Empieza pequeño aunque te ofrezcan grande
Mi recomendación es entrar por cadenas regionales o especializadas, que homologan con menos exigencia y sirven de entrenamiento. Y cuando llegue la grande, negociar una entrada gradual: pocas referencias o unas tiendas piloto. Aceptar el catálogo completo desde el primer día suena a oportunidad y suele ser la forma más rápida de descubrir que no tenías la estructura para sostenerlo.