Sobre el valor en aduana se calculan todos tus tributos, y hay conceptos que deben sumarse y que casi ningún importador declara.
El molde que pagaste forma parte del valor
Es el ajuste que más sorprende. Si has pagado un molde, un troquel o un utillaje que la fábrica emplea para producir tu mercancía, su valor debe repercutirse en el valor en aduana de los productos fabricados con él. Lo mismo con materiales o etiquetas que suministres gratuitamente.
Y el transporte hasta la entrada en la Unión
Con el seguro y los gastos de carga y manipulación asociados. Es lo que convierte el precio de fábrica en la base real de cálculo, y por eso un flete alto encarece también tus aranceles, no solo tu logística.
Comisión de compra y de venta no son lo mismo
Las comisiones de venta se añaden al valor; las de compra, las que pagas a quien actúa por tu cuenta buscando y gestionando, no forman parte de él si están debidamente identificadas y facturadas por separado. Esa distinción tiene consecuencias económicas concretas.
Lo que no se distingue, se incluye
Transporte interior en destino, montaje o instalación posteriores no forman parte del valor, pero solo si aparecen separados y documentados. Un precio global sin desglose tiende a considerarse íntegramente parte del valor, lo que encarece tus tributos innecesariamente.
El justificante del pago es tu prueba
Cuando la aduana cuestiona el valor, la coherencia entre factura, contrato y transferencia bancaria es lo que lo sostiene. Por eso conviene pagar siempre a la empresa que figura como vendedor, como explico en la documentación de la importación.
Declarar de menos es un aplazamiento con recargo
Si la aduana ajusta el valor, se liquidan los tributos sobre el ajustado y pueden añadirse sanciones. Con la trazabilidad bancaria actual es muy detectable, y el coste del ajuste supera con mucho el ahorro aparente.