El etiquetado es la parte del expediente que más incidencias genera en aduana e inspección, y también la más fácil de resolver: es información, no un ensayo de laboratorio.
El núcleo común a casi todo producto
Nombre o marca y dirección del importador, datos del fabricante, identificación de tipo o lote que permita la trazabilidad, marcado de conformidad cuando proceda, e instrucciones e información de seguridad en castellano. Ese es el mínimo, sea cual sea el producto.
Y el lote no es un detalle
Sin identificación de lote, una incidencia obliga a actuar sobre todas las unidades que hayas vendido de esa referencia, en lugar de sobre las afectadas. Es la diferencia entre un problema acotado y uno enorme, como explico en retirada de producto.
Cada categoría suma lo suyo
Datos eléctricos y símbolo de residuos en aparatos, composición en textiles, símbolos e información en productos con batería, marcado de envases. No existe una plantilla única: hay que construir el etiquetado a partir de la legislación que aplica a ese producto concreto.
Envía el arte final, no una descripción
Si la fábrica compone el texto por su cuenta, aparecerán errores de traducción y de acentuación con total seguridad. Enviar los archivos terminados, con ubicación y acabado especificados, elimina esa fuente de problemas de raíz.
Apruébalo con la muestra precintada
Con la misma formalidad que el producto, porque el etiquetado forma parte de él. Y añade su verificación al alcance de la inspección previa al embarque, que es el último punto donde corregirlo sale barato.
Reetiquetar en destino es la peor salida
Manipular unidad a unidad un contenedor completo es una factura considerable, y si el problema se detecta en un control aduanero, la mercancía queda retenida con el almacenaje corriendo. Una hora de trabajo antes de producir evita todo eso.