Pagar un molde es el momento en que dejas de comprar producto y empiezas a fabricar el tuyo. Es una gran decisión y, curiosamente, es de las peor documentadas que veo: varios miles de euros transferidos contra una factura que pone gastos de desarrollo y poco más.
Que el papel diga que el molde es tuyo
Parece obvio y casi nunca está escrito así. Una factura por servicios de desarrollo no acredita que seas propietario de un objeto físico. El acuerdo debe decir expresamente que el molde es de tu propiedad desde el pago, identificarlo con su número grabado, sus cavidades y su ubicación, y establecer qué ocurre con él si dejáis de trabajar juntos.
Fotografía el número grabado en el molde
Es el consejo más práctico de todo el artículo. Reclamar un molde identificado con su número, con fotos y con su ficha, es una gestión. Reclamar un molde genérico dentro de una nave que tiene doscientos es otra cosa muy distinta. Pídelo cuando el molde esté terminado y guárdalo en tu expediente documental.
El molde parado se oxida
Un detalle que descubre mucha gente al volver a pedir después de una temporada floja: el utillaje ha estado meses en un rincón sin engrasar y ya no está en condiciones. Pactar unas condiciones mínimas de conservación y de mantenimiento ordinario cuesta dos líneas en el contrato y evita esa sorpresa.
Trasladarlo es posible, pero valora si compensa
Con la documentación en regla puedes reclamarlo, aunque conviene contar con cierta fricción: perder el molde significa perder al cliente. Y luego está lo técnico, que sorprende a muchos: no toda máquina puede montar cualquier molde, y el transporte de una pieza de acero de ese peso no es barato. En moldes sencillos o muy usados, a veces sale mejor fabricar uno nuevo en la fábrica de destino, algo que conviene valorar al planificar un cambio de proveedor.