Este artículo trata de algo que suena a asesoría y que en realidad es una herramienta de gestión. Cómo valoras tu stock determina tu resultado, lo que pagas de impuestos y, sobre todo, si los márgenes con los que crees que trabajas son reales.
El coste de tu mercancía no es lo que dice la factura del proveedor
El valor de una existencia incorpora todo lo necesario para tenerla disponible para la venta: el precio de la mercancía, el flete y los seguros, los aranceles y los gastos de despacho. El IVA de importación, al ser recuperable para quien puede deducirlo, no forma parte de ese valor. Y ese coste completo es el que hay que usar para calcular márgenes, no el precio FOB, que es el error de cálculo más repetido que veo.
Comprar stock en diciembre no reduce tu beneficio
Es una creencia muy extendida y es falsa. Cuando compras mercancía no generas un gasto: cambias dinero por un activo. El gasto aparece cuando vendes. Así que cerrar el año con el almacén lleno no te baja el resultado, y quien compra en diciembre pensando en eso se lleva una sorpresa en la liquidación. Merece la pena hablarlo con el asesor antes del último trimestre, no después.
Ese producto que no rota no vale lo que te costó
Las existencias no pueden figurar por encima de su valor recuperable. Si algo llevas dos años sin vender y solo saldría con un descuento enorme, mantenerlo valorado a coste te da una imagen falsa de tu patrimonio y te lleva a tomar decisiones de compra con datos irreales. Reconocer el deterioro y decidir qué hacer con ese stock muerto suelen ser la misma conversación.
El reparto del flete entre referencias, que casi nadie hace bien
Cuando un contenedor trae doce referencias distintas, el flete y los gastos hay que repartirlos con un criterio razonable: por volumen o por valor según el caso, y no simplemente por número de unidades, que distorsiona muchísimo si mezclas productos grandes y pequeños. Con ese reparto bien hecho, el margen de cada referencia deja de ser una intuición y se convierte en información con la que decidir qué repites y qué abandonas.