Una fábrica china recibe decenas de mensajes cada semana de gente que pregunta el precio y desaparece. Tu primer mensaje decide en qué montón te colocan, y eso condiciona la calidad de todo lo que venga después.
Sé concreto y di la cantidad
La pregunta que peor funciona del mundo es cuál es tu mejor precio, sin más. No se puede responder, y quien la hace se identifica como alguien que no sabe lo que quiere. Di qué producto, para qué mercado, qué cantidad estimas y qué necesitas saber. Con eso, un comercial puede darte algo útil en la primera respuesta.
Pide precio para varias cantidades a la vez
Es la pregunta más rentable del primer mensaje. Solicitar cotización para tres o cuatro volúmenes distintos no solo te da información de precio: la forma de esa curva te dice si hay lotes de producción reales detrás o si estás ante alguien que aplica un porcentaje sobre lo que le cuesta comprar. Dos pájaros de un tiro.
No exageres tu volumen
Es tentador y sale mal siempre. Prometer contenedores mensuales para conseguir un precio de contenedor mensual te deja en una posición imposible cuando llega el momento de pedir mil unidades. La relación empieza con una decepción y el precio que te dieron deja de estar disponible. Di tu cifra real y negocia con las técnicas que sí funcionan, como las de negociar el pedido mínimo.
Una pregunta por mensaje
Si mandas cinco preguntas en un párrafo, te contestan la primera. No es desinterés, es cómo funciona leer en una segunda lengua desde un móvil. Separarlas o numerarlas multiplica por cinco la información que recibes, y es la base de una buena comunicación con proveedores chinos.
Y fíjate en si te hacen preguntas a ti
La mejor señal de un buen proveedor en el primer contacto es que quiera entender tu aplicación, tu mercado y tu volumen antes de darte un precio. A veces incluso te sugiere una alternativa mejor o te dice que lo que pides no es buena idea. El que cotiza al instante sin preguntar nada suele ser también el que ejecuta sin pensar.