El punto de recarga es un producto donde la normativa no es un trámite sino el filtro que decide si tu producto se vende o se queda en el almacén. El instalador eléctrico rechaza cualquier equipo que le complique el boletin o le encarezca el cuadro, y esa exigencia es precisamente la oportunidad del importador que hace bien los deberes.
El detalle técnico que decide la venta: la protección DC de 6 mA
Un wallbox sin detección de corriente continua residual integrada obliga al instalador a montar un diferencial tipo B de 200-400 euros. Ese solo dato convierte un producto aparentemente barato en el más caro del presupuesto. Antes de cotizar nada hay que confirmar por escrito que el equipo integra la protección según IEC 62955 y pedir el informe de ensayo, no la ficha comercial.
OCPP: la diferencia entre un producto profesional y un gadget
El wallbox que solo funciona con la app del fabricante chino queda descartado de cualquier proyecto de flota, comunidad o parking. El protocolo abierto OCPP 1.6 o superior permite integrarlo con plataformas de gestión y facturación, y es lo que separa el catalogo profesional del producto de consumo. Es un requisito que hay que fijar en el contrato con el proveedor con la versión exacta del protocolo.
El instalador como cliente: soporte por encima de precio
El instalador no compra el equipo más barato: compra el que no le va a hacer volver a la obra. Documentación en español, esquema de conexión claro, disponibilidad de recambios y un teléfono que responde valen más que 20 euros de diferencia. El importador que ofrece eso construye una cartera de instaladores que repiten cada mes.
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