Cuando alguien desarrolla un producto propio, invierte en molde y construye una marca, casi siempre registra la marca y se olvida del diseño. Y luego descubre que un competidor vende un producto idéntico al suyo con otro nombre, y que la marca registrada no sirve absolutamente de nada frente a eso.
La marca protege el nombre; el diseño, la forma
Son cosas distintas y se necesitan las dos. El registro de dibujos y modelos protege la apariencia del producto —líneas, contornos, forma, textura, ornamentación— con independencia de la marca que lleve encima. Es lo que impide que alguien fabrique algo que produzca la misma impresión general y lo venda como suyo.
Registra antes de enseñarlo
Uno de los dos requisitos del diseño registrado es la novedad, y divulgar el producto antes de solicitar el registro puede comprometerla. Existen periodos de gracia en algunos marcos, pero confiar en ellos es innecesariamente arriesgado. El orden sensato es registrar y después mandar el diseño a las fábricas para cotizar.
Es mucho más barato de lo que la gente cree
Un diseño no es una patente. Las tasas son sensiblemente menores, el procedimiento es más ágil y suele permitirse incluir varios diseños en una solicitud múltiple, con lo que proteger una gama entera cuesta bastante poco. Y la protección puede renovarse hasta veinticinco años, así que es un activo que acompaña al producto toda su vida comercial.
Y regístralo también en China
Es la parte específica del importador y la que casi nadie hace. La protección es territorial: un diseño registrado en Europa no te da herramientas donde está la fábrica que podría reproducirlo. Igual que ocurre con la marca, registrar allí es lo que te permite actuar en origen, y encaja como tercera pata junto al contrato y a la titularidad documentada del molde.
Fuente oficial: información sobre el registro nacional en la Oficina Española de Patentes y Marcas y sobre el diseño comunitario en la EUIPO.