La decisión más cara de un importador no es a quién compra ni a qué precio: es cuánto pide. Y se toma casi siempre por intuición.
El plazo de reposición es más largo de lo que crees
No es el tiempo de tránsito: es desde que decides pedir hasta que la mercancía está disponible para vender. Negociación, producción, embarque, travesía, despacho y recepción. Calcularlo entero es el paso que más previsiones corrige.
El punto de pedido, no la fecha
La venta durante ese plazo de reposición más el stock de seguridad. Cuando el inventario baja de ese nivel, hay que pedir, con independencia del calendario. Es un disparador objetivo que sustituye al «creo que va siendo hora».
Más colchón donde más aportas
Aplicar el mismo stock de seguridad a todo el catálogo es un desperdicio. Las referencias que más margen aportan merecen más colchón; las de cola, el mínimo. Es la misma lógica de la auditoría de catálogo.
Cuidado con el escalón de precio
Pedir de más para alcanzar un tramo mejor es rentable solo si vas a vender esas unidades. Si no, has cambiado un descuento por meses de capital inmovilizado. Es el sesgo que más stock muerto genera, y siempre parece una buena idea en el momento.
Con producto nuevo, empieza pequeño
Sin histórico no hay previsión, hay ilusión. Aceptar peor precio unitario en el primer pedido a cambio de validar la demanda real es una inversión, no una pérdida, y evita el error más caro del sector.
Y anota lo que previste
Compararlo después con lo que ocurrió es el único modo de calibrar tu propio sesgo. Si sistemáticamente te quedas corto o largo, el problema no es el mercado: es tu método, y eso sí se puede corregir.