Una devolución cuesta bastante más que el producto: portes de ida y vuelta, revisión, reacondicionado y a menudo una reseña negativa. Y buena parte no son por el producto en sí.
El embalaje de envío individual es el olvidado
Si vendes online, cada unidad viaja sola por mensajería, con una manipulación mucho más brusca que la de un palé. Muchos productos que llegan perfectos en contenedor se rompen en ese último tramo, y la fábrica no lo tendrá en cuenta salvo que se lo pidas expresamente.
La prueba más barata que existe
Envíate unas unidades a ti mismo por mensajería desde otra provincia. Reproduce exactamente lo que sufrirá el producto, cuesta muy poco y revela en dos días lo que de otro modo descubrirías con las primeras devoluciones.
El tamaño es el motivo número uno
De devolución en venta online. El cliente esperaba otra cosa. Una foto con referencia de escala y las dimensiones destacadas en la ficha lo reduce drásticamente, y no cuesta nada. Es responsabilidad tuya, no de la fábrica.
Incluye tornillería de repuesto
Falta un tornillo y se devuelve el producto entero. Unas piezas de más cuestan céntimos y evitan devoluciones completas, igual que unas instrucciones claras en español con dibujos, que suelen ser más eficaces que cualquier mejora del producto.
Pide el ensayo de caída
Desde distintas alturas y sobre distintas caras y esquinas. Existen procedimientos normalizados y una fábrica seria puede realizarlo. Inclúyelo en el alcance de la inspección previa al embarque, que es donde corregirlo aún sale barato.
Céntimos por unidad frente a decenas de euros
Esa es la aritmética. Mejorar el embalaje cuesta muy poco por unidad y evita devoluciones que cuestan mucho. Es de las decisiones con mejor retorno de todo el proceso, y también de las que menos se piensan.