Vender cámaras de vigilancia importadas de China es fácil. Vender cámaras que un instalador profesional quiera montar en casa de su cliente, y volver a comprarte al mes siguiente, es otra cosa. La diferencia está en tres o cuatro decisiones técnicas y en una documentación que la mayoría de importadores ni pide.
Una cámara no es solo un aparato: es un tratamiento de datos
Cuando vendes una cámara estas vendiendo un dispositivo que graba a personas. El responsable legal de ese tratamiento es tu cliente, pero si el producto sube el video por defecto a un servidor fuera de la UE y tu no lo advertiste, el problema acaba en tu teléfono. Antes de cerrar un pedido pregunta tres cosas: donde se aloja la grabación, si funciona en local sin nube y si obliga a cambiar la contrasena en el primer arranque. Las tres respuestas correctas son tu mejor argumento de venta.
ONVIF: la palabra que decide si vendes al profesional
Es el protocolo abierto que permite que la cámara hable con grabadores y software de otras marcas. Una cámara sin ONVIF solo funciona con la app de su fabricante, y eso la deja fuera de cualquier proyecto donde haya que integrar equipos. Pedir compatibilidad ONVIF certificada, no «compatible con ONVIF» a secas, y comprobarlo en la muestra con un grabador de otra marca.
El calendario del CRA ya ha empezado a correr
El Reglamento de Ciberresiliencia UE 2024/2847 está en vigor desde diciembre de 2024. Desde el 11 de septiembre de 2026 se aplican las obligaciones de notificación de vulnerabilidades explotadas e incidentes graves, y desde el 11 de diciembre de 2027 la conformidad plena. Para un producto como la cámara IP, elegir hoy un fabricante que no tenga ni idea de esto es comprarse un problema con fecha. Merece la pena preguntarlo ya en la fase de verificación del proveedor.
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