Si tuviera que elegir un solo tema del que avisar a alguien que empieza a importar, no sería la normativa ni la calidad: sería este. Los negocios de importación rara vez mueren por vender poco. Mueren porque el dinero sale cinco meses antes de entrar y nadie hizo esa cuenta.
Haz el cálculo, aunque duela
Cuenta los días desde que pagas el depósito hasta que cobras la venta. Producción, tránsito, despacho, tiempo en almacén y plazo de cobro. En un caso normal salen más de ciento cincuenta días. Eso significa que necesitas financiar casi cinco meses de actividad con dinero que no puedes usar para otra cosa. Ese número, y no el margen, es el que determina cuánto puedes crecer.
La paradoja: crecer te deja sin dinero
Es lo que más desconcierta a quien lo vive. El producto funciona, las ventas suben cada mes y la cuenta del banco baja cada mes. No es un problema de gastos: es que cada pedido nuevo exige desembolsar antes de haber recuperado el anterior. Si duplicas ventas, duplicas el capital inmovilizado. Y esa señal casi siempre se interpreta mal hasta que es tarde.
Negociar plazo suele ser más fácil que negociar precio
Es la palanca más desaprovechada. A una fábrica le duele bastante menos aceptar que pagues parte del saldo contra llegada que rebajarte el precio unitario, porque lo primero no toca su margen. Con historial y volumen es perfectamente alcanzable, y treinta días de plazo pueden valerte más que un dos por ciento de descuento. Merece la pena plantearlo en la misma conversación donde se discute la curva de precio por volumen.
Podar el catálogo es una decisión de tesorería
Cada día que una referencia pasa parada en tu almacén es un día de caja inmovilizada. Cuando miras el catálogo desde la óptica de la caja y no desde la del surtido, las referencias que no rotan dejan de parecer una oportunidad dormida y se ven como lo que son: dinero secuestrado.
La pregunta antes de cada pedido
Si este pedido se retrasa dos meses o sale defectuoso, ¿puedo seguir operando? Si la respuesta es no, el pedido es demasiado grande, por muy bueno que sea el precio y por mucho que el escalón de volumen invite. Es la misma disciplina que aplico al dimensionar el stock: la cantidad correcta no es la que mejora el precio, es la que tu caja aguanta.