Entrar en una gran cadena parece el objetivo de cualquier importador, y para muchos ha sido el principio del fin. Conviene entender el canal antes de firmar, no después del primer pedido.
El riesgo no es comercial, es existencial
Cuando una cadena representa una parte muy grande de tu facturación, dejas de tener una relación equilibrada y pasas a tener un único punto de fallo. Si deciden dejar de referenciarte, te quedas con una estructura dimensionada para un volumen que ya no existe.
Limita conscientemente el porcentaje
Es la única mitigación real: decidir de antemano qué peso máximo puede tener una sola cuenta en tu facturación y mantener canal propio en paralelo aunque sea menos rentable a corto plazo. Es la misma lógica de la diversificación de proveedores, aplicada al lado del cliente.
Calcula el margen neto, no el bruto
Rappels por volumen, aportaciones promocionales, costes de referenciación y penalizaciones por incidencia erosionan el margen de forma sustancial. El precio de tarifa no dice nada: lo que importa es lo que queda después de todo eso.
Y suma el desfase de tesorería
Existe normativa española sobre morosidad que fija plazos máximos de pago, con régimen específico en alimentación. Pero aunque el plazo sea legal, sumado a los meses de producción y tránsito genera un desfase que hay que poder financiar.
Tu fábrica tiene que aceptar auditorías
Muchas cadenas exigen auditorías de fábrica en origen, de calidad y también sociales y de condiciones laborales, realizadas por entidades independientes. No todas las fábricas chinas están dispuestas ni preparadas, y conviene verificarlo antes de comprometer nada.
Empieza por una referencia o unas tiendas
Antes de un despliegue completo. Es la forma sensata de validar que tu operación aguanta el ritmo, que tu proveedor mantiene consistencia entre lotes y que tu stock de seguridad está bien dimensionado.