La documentación de un producto importado no es un trámite de traducción: parte es obligatoria, parte determina si el cliente sabe usarlo, y toda ella habla de tu marca antes de que nadie lo pruebe.
El manual en español es obligatorio
La legislación de producto exige facilitar instrucciones e información de seguridad en una lengua fácilmente comprensible para el consumidor. Un producto con manual solo en inglés o chino es no conforme, por bien que funcione, como recojo en el etiquetado obligatorio.
No traduzcas: reescribe
Muchas veces el problema no es la traducción, sino que el original chino ya era confuso. Traducir literalmente un texto malo produce un texto malo. Redactar las instrucciones desde el conocimiento del producto es más rápido y da un resultado incomparablemente mejor.
Y en seguridad, el error tiene consecuencias
Una advertencia mal traducida puede provocar un uso incorrecto, y la responsabilidad es de quien puso el producto en el mercado. Es la parte del documento donde la traducción automática no es una opción aceptable.
Sustituye las referencias normativas extranjeras
Una instrucción que remite a una norma de otro país confunde y no ayuda a nadie. Lo mismo con unidades, formatos de fecha y ejemplos de uso que reflejan costumbres del mercado de origen.
Aprovecha los pictogramas
Son universales, reducen la dependencia del texto y funcionan en cualquier idioma. En producto que vas a vender en varios mercados europeos, cada pictograma que sustituye a un párrafo te ahorra traducciones y espacio.
Y que lo revise alguien del mercado
Detecta lo que una traducción correcta no capta. Un cliente o un distribuidor local suele estar dispuesto a echar un vistazo, y esa revisión gratuita vale más que un servicio de traducción caro.