El sector funerario es uno de los más cerrados que existen y también uno de los menos atendidos por importadores. Con una demanda completamente independiente del ciclo económico, algo que pocas categorías tienen.
Hay normativa sanitaria y es autonómica
La policía sanitaria mortuoria establece requisitos sobre los féretros según su destino —inhumación, incineración o traslado—, y buena parte de esa regulación es autonómica. Los requisitos pueden variar entre comunidades, así que hay que verificar los del territorio concreto antes de comprometer producto.
La incineración descarta materiales
Con requisitos sobre los materiales admisibles para evitar emisiones problemáticas en la combustión, lo que descarta determinados herrajes, recubrimientos y forros. Un féretro que no cumple los requisitos de su destino es sencillamente inservible.
Y la madera arrastra diligencia debida
Con la trazabilidad de origen que exige el reglamento europeo de deforestación. Es un requisito reciente que afecta a buena parte del producto de esta categoría y que conviene resolver con el proveedor desde el principio.
El canal son las funerarias, no las familias
El producto no se vende al consumidor final en la práctica. Y es un sector donde la confianza y la continuidad pesan enormemente: entrar cuesta, pero una vez dentro la relación es muy estable.
Exige un trato comercial distinto
La sensibilidad del producto pide discreción y respeto, muy alejado del marketing habitual de otras categorías. Es un detalle que un importador que llega de vender gadgets suele no calibrar bien, y que en este sector se nota mucho.
Empieza por urnas y complementos
Herrajes, forros, urnas decorativas y artículos de recuerdo tienen menos exigencia normativa, buena variedad de diseño y demanda creciente por el aumento de la incineración. Es la puerta de entrada razonable antes de abordar el féretro.