Subcontratar no es malo en sí: casi todas las fábricas externalizan alguna fase. El problema aparece cuando tu proveedor no fabrica nada de lo que te vende y no lo dice.
Pregúntalo abiertamente
Qué fases subcontratan y a quién. Una respuesta honesta es excelente señal; una negación absoluta es sospechosa, porque todas las fábricas externalizan algo. La actitud ante esa pregunta dice más que la respuesta.
El catálogo demasiado amplio delata
Una empresa que ofrece productos de familias tecnológicamente muy distintas difícilmente los fabrica todos: cada uno exige maquinaria y proceso propios. Es la señal más fácil de detectar sin salir de casa.
Y la curva de precio también
Un fabricante baja en escalones, porque su coste cambia por lotes de producción. Un intermediario baja de forma lineal, aplicando un porcentaje decreciente. Es la prueba que planteo en distinguir fabricante de intermediario.
Mira el almacén de materia prima
Un fabricante real guarda los materiales de tu producto; un intermediario guarda producto terminado. Es una comprobación de treinta segundos en una visita o videollamada, y bastante concluyente.
Lo grave es la opacidad, no la intermediación
Una empresa comercial que controla calidad, gestiona plazos y responde de los problemas aporta valor real. Muchas lo hacen bien. Lo que no funciona es descubrir que quien te promete un plazo no controla la cola de producción de la que depende.
Si subcontrata, refuerza el control
Una inspección durante la producción compensa la falta de control directo del intermediario, y te da información de primera mano sobre cómo va realmente tu pedido.