Durante años, importar móviles de China fue un negocio de margen sencillo. El 20 de junio de 2025 eso cambio de golpe con dos reglamentos que se aplicaron el mismo día y que, en la práctica, han redibujado quien puede vender un teléfono en Europa.
Siete años de repuestos y cinco de actualizaciones
Estas dos cifras del Reglamento 2023/1670 son las que más peso tienen. Un fabricante chino de marca blanca que monta modelos que cambian cada temporada no puede comprometerse a suministrar pantallas y baterías durante siete años, ni a publicar actualizaciones de sistema operativo durante cinco. No es que le cueste: es que su modelo de negocio no lo contempla. Por eso este reglamento ha hecho más por limpiar el mercado que cualquier inspección.
La etiqueta energética y el registro que mucha gente ignora
Desde esa misma fecha, cada modelo debe llevar etiqueta energética con clase A-G, ciclos de batería, resistencia y puntuación de reparabilidad. Y debe estar registrado en EPREL antes de vender la primera unidad. Ojo con esto: si importas y pones el producto en el mercado español, el «proveedor» que la normativa senala eres tu, no la fábrica china. El registro exige además verificar tu identidad con un certificado cualificado de sello electrónico.
Donde queda el negocio ahora
Mi lectura, después de ver como han reaccionado los proveedores en Shenzhen: el móvil de marca blanca ha muerto para el mercado europeo, y el negocio se ha desplazado a la distribución de marcas chinas que ya cumplen, y sobre todo a los accesorios y repuestos, que no arrastran estos requisitos y donde la demanda ha crecido justamente porque ahora los teléfonos duran más y se reparan. Ese giro es el que están haciendo los importadores que conozco.
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