Cuando llevas tiempo importando, alguien acaba pidiéndote que le traigas algo de China. Parece una forma fácil de rentabilizar lo aprendido, y tiene una trampa importante.
Quién figura como importador lo cambia todo
Si importas en tu nombre, asumes las obligaciones del importador sobre ese producto: verificar conformidad, conservar documentación, registros como productor y responsabilidad por productos defectuosos. Aunque lo hicieras para otro.
Es un riesgo que rara vez compensa la comisión
Importar en nombre propio un producto que no controlas, no conoces bien y no vas a vender tú significa entrar en la cadena de responsabilidad de algo ajeno. La aritmética riesgo-beneficio casi nunca sale.
El modelo de servicio es el sensato
Tu cliente importa a su nombre y asume las obligaciones sobre su producto; tú cobras por encontrar proveedor, negociar, controlar calidad y coordinar. Que es exactamente donde está tu valor y donde no hay riesgo desproporcionado.
Cobra con transparencia
Comisión conocida o tarifa por servicio, con la factura de fábrica a la vista. Es lo que elimina el conflicto de interés y lo que distingue un servicio profesional de una intermediación opaca, como explico en cuánto cobra un agente de compras.
Define por escrito lo que no cubres
Respondes de la diligencia de tu servicio, no de la conformidad del producto que tu cliente decide importar. Esa distinción, escrita antes de empezar, evita el conflicto que llega cuando algo sale mal.
Y tiene una ventaja colateral
El volumen agregado mejora tu posición ante fábricas y transitarios, lo que beneficia también a tus propias compras. Eso sí, verifica antes que la actividad encaja con tu objeto social y sus obligaciones formales.