El juego de mesa vive un momento excelente y China fabrica prácticamente toda la producción mundial del sector. Aquí casi nadie importa catálogo ajeno: lo interesante es producir tu propio juego.
El troquelado es la primera impresión
Desprender las fichas del cartón sin romperlas es literalmente lo primero que hace el comprador al abrir el juego. Un troquel impreciso arruina esa experiencia y genera reseñas negativas antes de que nadie haya jugado una partida.
Y el gramaje del cartón se nota
Del tablero, de las fichas y de la caja. Es donde más se recorta y lo que primero percibe un aficionado acostumbrado a comparar ediciones. Junto con el acabado de las cartas y su comportamiento al barajar, son los detalles que definen la calidad percibida.
El inserto vale mucho y cuesta poco
La bandeja interior que organiza los componentes es un elemento de percepción de calidad muy valorado y relativamente barato de añadir. Es de las mejoras con mejor retorno en la impresión que deja el producto.
Registra antes de enviar los archivos
Marca para el nombre, derechos de autor sobre ilustraciones y textos, y diseño industrial para la apariencia. Las mecánicas de juego son difíciles de proteger, y conviene saberlo. Y el registro europeo no vale en China, como explico en protección de marca.
El riesgo real es la sobreproducción
Que la fábrica produzca unidades de más con tus archivos y las venda por su cuenta. Se combate con un acuerdo NNN y con inspección que verifique cantidades reales producidas, no solo calidad.
Y el micromecenazgo resuelve el circulante
Buena parte del sector financia sus tiradas así, validando la demanda antes de producir. Encaja perfectamente con la producción en China, aunque conviene calcular el flete antes de fijar el precio de la campaña: un juego es pesado y voluminoso.