El EPI es de las pocas categorías donde un fallo del producto puede costar una mano o un ojo. La normativa lo trata en consecuencia, y todo gira alrededor de una clasificación en tres niveles que casi ningún importador nuevo conoce.
Categoría I, II o III: la pregunta que decide todo
La categoría I permite autodeclaración. La II exige examen de tipo por un organismo notificado. Y la III añade además control continuado de la producción. La mayoría del EPI profesional —cascos, gafas de protección, guantes mecánicos, calzado de seguridad— es categoría II como mínimo.
El error más frecuente
Asumir que un guante o unas gafas son categoría I porque parecen sencillos. Si su uso previsto es profesional frente a un riesgo real, no lo son, y comercializarlos sin certificado de examen de tipo válido es una infracción seria. Comprueba además que el certificado no ha caducado: tienen fecha de validez y hay que renovarlos.
Los números del pictograma son el producto
Dos guantes idénticos en apariencia pueden tener niveles de resistencia al corte completamente distintos. Esos códigos marcados indican el nivel alcanzado en cada ensayo, y son exactamente lo que compara un técnico de prevención. Publicarlos en tu ficha te separa de quien solo escribe «guantes de trabajo».
El organismo notificado debe ser europeo y verificable
Con su número de identificación comprobable. Un certificado emitido por una entidad no rastreable no acredita nada, que es exactamente el problema que explico en cómo verificar certificados chinos.
Y el negocio está en el desechable
Guantes, mascarillas y protección de un solo uso se consumen cada semana. Un cliente industrial que confía en tu suministro compra cada mes durante años, y eso vale mucho más que la venta puntual de equipos duraderos. Conecta directamente con la ropa de trabajo, que comparte cliente y canal.