El calzado de seguridad es EPI de categoría II, así que necesita examen de tipo por organismo notificado sí o sí. Pero su verdadero problema comercial no es normativo, y conviene saberlo antes de comprar mil pares.
El problema real: la horma
Un trabajador lleva estas botas ocho horas al día, de pie. Las hormas tienen anchuras y volúmenes distintos según el mercado para el que se diseñan, y un calzado con horma estrecha resulta incómodo aunque la talla numérica sea correcta. Eso genera devoluciones y quejas por muy impecable que sea el certificado.
Prueba varias tallas de la muestra, no una
Y mide el interior real. Después publica tu propia tabla de tallas, nunca la del proveedor. Es la medida que más devoluciones evita, y en calzado la devolución es especialmente cara porque pagas el porte dos veces.
La curva de tallas multiplica tu pedido mínimo
Un modelo exige comprar del 38 al 47 en proporciones que reflejen la demanda real. Si además quieres dos modelos, la inversión se dispara. Es la misma aritmética que explico en crear una marca de zapatillas, y aquí manda igual.
La puntera de composite es un argumento de venta
No conduce temperatura y no activa detectores de metales, lo que la hace idónea para aeropuertos, industria alimentaria y trabajo en frío. Es una prestación concreta que puedes explicar y que justifica un precio superior frente al acero.
Y la suela es donde más se recorta
La resistencia al deslizamiento tiene sus propios ensayos sobre distintas superficies, y el resbalón es la causa de accidente más frecuente. Pide los valores medidos y compruébalos, con la misma exigencia documental que en cualquier EPI.