Recibes una cotización y no tienes con qué compararla. Es la situación más común del importador que empieza, y se resuelve con cuatro métodos que no dependen de la palabra del proveedor.
La mediana de varias ofertas, no la media
Pide a cinco u ocho fábricas con la misma especificación, cantidades e incoterm, y toma la mediana como referencia. No se distorsiona con una oferta anormalmente baja, que es justo la que más te confundiría, como explico en cotizaciones comparables.
Y la dispersión te dice más que el precio
Si todas las ofertas están próximas, el mercado está maduro y hay poco margen de negociación. Si hay mucha diferencia, alguna incluye o excluye algo que no has detectado, y ahí está tu siguiente pregunta.
La curva de volumen delata al intermediario
Un fabricante real baja el precio en escalones, porque su coste cambia por lotes de producción y tiradas de material. Un intermediario baja de forma lineal y suave, porque solo aplica un porcentaje decreciente. Dos informaciones por el mismo esfuerzo.
El peso da un suelo teórico
En producto sencillo dominado por un material, el peso multiplicado por el precio público de esa materia prima marca un mínimo por debajo del cual el precio es imposible. No es un cálculo exacto, pero detecta enseguida lo que no encaja.
Desconfía del extremo bajo
Un precio muy por debajo del resto casi nunca es eficiencia: es material inferior, componente distinto, ausencia de certificaciones o una cifra que cambiará al confirmar. Y sale más caro a la larga que el precio alto.
Y compara con el precio de venta en Europa
Si el producto se vende aquí a un precio muy próximo a tu coste desembarcado, el problema no está en la fábrica: está en la elección del producto. Es la comprobación que hay que hacer antes que ninguna otra.