Es uno de los proyectos que más gente busca y de los peor explicados que hay. Encontrar un laboratorio en China que te fabrique una crema es sorprendentemente fácil. Lo que decide si tu marca puede existir legalmente en Europa es otra cosa, y conviene saberlo antes de encargar mil botes.
Tú vas a ser la persona responsable
El reglamento europeo de cosméticos exige que cada producto tenga una persona responsable establecida en la Unión que garantiza su cumplimiento. Si fabricas en China y vendes con tu marca, esa figura eres tú. No es un trámite: implica mantener el expediente de información del producto, responder ante las autoridades y asumir la conformidad de lo que vendes.
El informe de seguridad es innegociable
Cada fórmula necesita una evaluación de seguridad realizada por un evaluador cualificado, que analiza los ingredientes y la exposición prevista. Es la partida técnica principal del proyecto y hay que presupuestarla por cada referencia distinta. Después viene la notificación en el portal europeo antes de introducir el producto en el mercado.
Y aquí está el error que hunde más proyectos
Lanzar diez referencias a la vez. Cada fórmula lleva su informe, su notificación y su mínimo de producción, y el envase suele tener su propio mínimo aparte. Diez productos multiplican por diez unos costes fijos que aún no sabes si vas a recuperar. Dos o tres referencias bien hechas y ampliar cuando vendan es infinitamente más sensato.
Cuidado con lo que prometes en la etiqueta
Las reivindicaciones deben poder demostrarse. Y hay una línea que no conviene cruzar: si dices que tu producto trata, cura o elimina una afección, deja de ser un cosmético a efectos legales. Es exactamente el mismo problema que explico con las afirmaciones ambientales: traducir el catálogo del proveedor es asumir sus promesas como propias.
El envase es la mitad del producto
En cosmética, más que en ninguna otra categoría. Pero ojo con dos cosas: el envase suele tener un mínimo de pedido mayor que la fórmula, y debe ser compatible con ella. Una crema que se separa o cambia de color a los seis meses dentro del envase elegido es un producto perdido, y para eso existen los ensayos de estabilidad.